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Comisión de Planeación
 nombrada por el H.C.T. de la Facultad de Q.F.B.

Septiembre 2008 -2010

Misión: Gestión de la Acreditación de la Facultad de Químico Farmacobiología


 

 

                                                                                                                                    Autoevaluación Q.F.B. 2009

Principios Rectores de la Comisión de Planeación de la Facultad de Químico Farmacobiología

La vía formal de argumentar con fundamento se convierte en una experiencia aleccionadora, atrayente, interesante, y reveladora. Al encontrarnos, al realizarnos en la obra, se nos hace clara nuestra propia capacidad de realizarnos, nuestra propia capacidad de creación”.

Octavio Paz. Hombres en su siglo y otros ensayos

Una pregunta que surge inmediatamente después de observar la metodología de la Comisión de Planeación, es su intencionalidad: ¿Qué pretende construir?, ¿a dónde quiere llegar?, ¿con quién comparte la responsabilidad?.  Intentando contestar de manera concreta, la primera pregunta la respondemos: una Facultad Universitaria que acredite su calidad en función de su impacto social y que no renuncia a su tradición científica y humanista; la segunda se contesta cualitativamente: alcanzar una cultura sistemática de los quehaceres de la comunidad de Q.F.B. con la calidad de la formación, la investigación y la extensión-difusión. Y la tercera pregunta: con todos, académicos, administrativos, estudiantes y sociedad, para ello es necesario que el H.C.T. de Q.F.B. formalice a todo aquel que desee participar independientemente, que por descontado aseguramos que las puertas de la comisión estarán abiertas siempre.   

Este momento de la vida de Q.F.B. se manifiesta al mismo tiempo vital, ante los enormes cambios disciplinares y sociales provocados por revolución de la sociedad del conocimiento, y melancólico, por el hecho de que tendremos que revisar nuestra tradición curricular y de más sustantivos de la universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.  En este sentido, las tareas de la Comisión de Planeación gravitan sobre dos ejes éticos y epistemológicos:   

  Humildad

Los universitarios al igual que el resto de la sociedad intentan hacer de sus esfuerzos colectivos, un mundo mejor; en la búsqueda de ese mundo más justo aparecen las exigencias de objetividad y rigor lógico en las decisiones, sin duda la mejor sociedad a la que podemos aspirar no ha llegado,  sin que por ello el camino de la racionalidad comunicativa pierda énfasis en este presente contexto;  el filosofo Mario Teodoro Ramírez  en este sentido, asume que “la fragilidad, mutabilidad y equivocidad, de los hechos históricos, intervienen ineludiblemente en la subjetividad y las facultades de la mente humana, además, de que no existe una sola y paradigmática forma de racionalidad, de obtener el conocimiento y de producción de verdad”[1]; de igual manera, Karl Popper, sostiene que una sociedad que recurre a la ciencia para sus decisiones, es una comunidad que ejerce la actividad crítica, es decir, su fin es encontrar los errores, este es el criterio de progreso de las culturas occidentales; Popper presupone que nuestras afirmaciones son honradas si y sólo si podemos apelar a la autoridad de las fuentes de conocimiento fiables y en particular a los estados de verdad reportados por la comunidad epistémica científica; afirmaciones que en último caso son conjetura de un cuerpo hipotético que conllevan una dosis de incertidumbre.[2] Al no haber fuentes de conocimiento infalibles, el racionalismo crítico  de dialogantes se vuelve una posición de humildad frente a las limitaciones del lenguaje humano para conocer la verdad. Percibir un estado de cosas complejo de la realidad del hombre, significa percibir que sus constituyentes están relacionados entre sí de tal y cual manera dentro de un paradigma que los genera en un proceso social que construye un acuerdo científico[3]; acuerdo como producto de una discusión de argumentos  que Wittgenstein nos dice  no es ni podrá ser lo mismo que la realidad, en el lenguaje: “una proposición incluye todo lo que incluye la proyección, pero no lo que se proyecta”.[4]

Humildad es promover la discusión, mensurando de la capacidad de los individuos de argumentar y llegar a un acuerdo que se honrará;  como extremo opuesto a la discusión, estará como sombra la clausura de la sociedad: la violencia. En la discusión referida a fuentes de conocimiento fiables, originales  y acotadas a ámbitos  del contexto del problema, todos participan de identificar inconsistencias en los argumentos para construir un acuerdo sobre la búsqueda de un mundo mejor. Esta gestión del acuerdo racional conlleva una serie de retos, el más visible es superar la violencia en sus formas democráticas de elegir la razón, Friedrich A. Hayek, premio Nobel de Economía, filósofo político y social, demostró aquello que siempre se le cuestionó a Maquiavelo: “que el fin jamás justificara los medios; y lo que es ilegal e irracional, jamás dejara de serlo, simplemente porque así lo quiere la mayoría o la minoría en contra de la justica social (tiranía de las mayorías)”[5]

La Humildad como actitud crítica de la  fiabilidad del conocimiento científico; los límites del lenguaje frente a la realidad; la tiranía de las mayorías y las minorías; implica que reconozcamos la violencia de la autoridad del conocimiento, el populismo en mayorías o minorías y la rebatiña violenta provocada en la clausura de las discusiones por los frágiles límites del lenguaje frente a la exigencia de mayor complejidad terminológica para explorar la realidad  y alcanzar el mejor consenso racional frente a nuestro imaginario de justica social: el máximo de felicidad en nuestra tradición cultural, en el máximo de lucidez [6].  Toda comunidad que pretende discutir su realidad y su proyección futura, debe tomar en cuenta superar su imaginario social que la enajena e impide su progreso.  El imaginario social es algo más amplio y profundo que una construcción abstracta intelectual distanciada de la realidad pos racionalista, es la existencia social de las personas, el tipo de relaciones unas con otras en el tiempo-especio, el tipo de cosas que ocurren entre ellas, las expectativas individuales ligadas a retos colectivos y las imágenes o ideas normativas más profundas que subyacen a las pulsiones que mueven a las personas[7].

La fuerza del argumento es más que su coherencia lógica con la realidad, este debe desmantelar el imaginario enajenante que emocionalmente nos niega un mundo mejor, además, superar las acciones de votación democrática que intentan tiranamente de imponer la razón o los grandes decibeles con que se expone para imponer una idea.

 La tecnología

Una sociedad en su dinámica de productividad renuncia a su utopía de libertad, lo que se denuncia como “utopía” no es ya aquello que “no tiene lugar”  sino más bien aquello que se halla implícito en las fuerzas tecnológicas y técnicas, la utopía es: la utilización racional de estas fuerzas en una escala global acabaría con la pobreza, la injusticia y la escasez en un futuro muy previsible[8].  Las tecnologías por sí mismas ahora sabemos por Herbert  Marcuse: “la fuerza liberadora de la tecnología – la instrumentación de las cosas- se trueca en una traba para la liberación, se convierte en instrumentación del hombre a manos del capitalismo depredador”. Hegel en su paso por Jena, propuso que la formación del espíritu humano tiene tres dimensiones: la relación dialéctica lingüística de simbolización, el proceso de trabajo y la interacción ética. El yo no es un ser solitario, sino el medio en el cual un yo comunica con otro yo y a partir del cual, como una mediación absoluta, se forman ambos sujetos recíprocamente. Nosotros apoyamos la idea de que la educación universitaria no sea un asunto de formación de individualidades técnicas, solitarias y sin referentes culturales; por el contrario, asumimos que es en la racionalidad comunicativa en donde se forman a las personas. Las fuerzas tecnológicas y técnicas, al intensificar el sometimiento de los individuos a la producción y distribución de las riquezas naturales, lingüísticas y culturales, privatizan el tiempo libre  y queda neutralizada la racionalidad sobre la condición humana en una utópica de la calidad centrada no en el hombre, sino  en estándares industriales.  Al imponernos una fantasía creadora sin sentido, las técnicas y métodos simplifican nuestro sentido de progreso: las posibilidades tecnológicas y técnicas imponen su propio aprovechamiento práctico. En la universidad se escuchan voces que en este sentido se refieren al progreso de la educación superior no como un asunto de tecnologías de escritura y lectura de literatura original, sino al equipamiento instrumental  de tecnologías ópticas, electrónicas, análogas o digitales asociando sus competencias implícitas a la producción como el criterio de calidad de educación superior. Es decir menos humanismo, ciencia y pedagogía; por más tecnologías, estándares de producción y perfiles de escolarización. El debate de los criterios instrumentales de los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior, CIEES, sugerimos se dé más en el marco del paradigma científico y humanístico, que en el de sistematizar la producción de seres humanos de “calidad”. Formar seres “humanos” que sean competentes para implementar soluciones tecnológicas para el “bienestar”, clausura la necesidad de parte de los diseñadores curriculares de proponer marcos teóricos a los problemas disciplinares, Samuel Ramos refiere que en México es un asunto casi cultural el desprecio por la teoría y el divorcio con la práctica de todo referente teórico que explique la realidad del mexicano.  

En las universidades del tercer mundo existe un dilema, gobernarse en términos de opinión pública de sus comunidades, o gobernarse por un sistema de decisiones científicas que busque críticamente la mejor sociedad fundada en la razón, este debate está permanentemente muerto en México, sin embargo, en su lugar es sustituido por discursos de nobles palabras que podrían tomarse en serio si el severo mandamiento de la autoridad lleva a cabo reformas punitivas rigurosas que se aplicaran también a estos emperadores y a sus clientes[9].    Max Weber nos ayuda en la separación de estas alternativas al definirlas: la política cientifizada, y los liderazgos políticos que se basan en explotar las necesidades de universitarios más básicas de seguridad y estatus social que les da la fuerza para imponer sus “razones” al margen de su sociedad.[10]


 

[1] Teodoro, R. Mario. (2003) De la Razón a la praxis. Siglo Veintiuno. Morelia. pp. 130-131

[2] Popper R. Karl (1996) En busca de un mundo mejor. Paidós, Barcelona. p.p. 62-70

[3] Thomas Kuhh(1962) La estructura de las revoluciones científicas. FCE, México

[4] Kenny Anthony (1990) El legado de Wittgenstein. Siglo Veintiuno. México. Pp. 27

[5] Universidad Francisco Marroquín. New Media UFM, 2008  [en línea] http://www.newmedia.ufm.edu/gsm/
index.php?title=Hayek%2C_fil%C3%B3sofo_de_la_libertad [consulta: 3 de mayo de 2009]

[6] Comte-Sponville André ( 2002)Invitación a la filosofía. Paidós, Barcelona. Pp. 163

[7] Taylor Charles (2006) Imaginarios sociales modernos. Paidós. Barcelona. pp. 37-49

[8] Marcuse, Herbert (1969) Un ensayo sobre la liberación. Ed. Joaquín Mortiz.
 México. pp. 13-16 [en línea] http://www.scribd.com/doc/13471921/Herbert-
Marcuse-Un-ensayo-sobre-la-liberacion  [consulta: 3 de Mayo de 2009]

[9] Chomsky, Noam (2002) Piratas y emperadores. Byblos. México. p.70

[10] Weber, Max (1999) Economía y sociedad. FCE. México.